
“Una mirada es suficiente para cambiar”.
En un instante se puede perpetuar una identidad, una muerte, incluso el fenómeno natural más bello. Aprendí esta lección cuando me puse tras mi objetivo fotográfico y empecé a viajar, rumbo a lo desconocido. Desde entonces, decenas de injusticias sociales se han convertido en fotografías imperecederas, que ilustran a víctimas de la opresión, del abuso, de la tiranía, y que pasan completamente inadvertidos a ojos de gobernantes y de ciudadanos. No obstante, fue mi viaje a Vindravan, “La ciudad de las viudas”, el que supuso un punto de inflexión en mi vida. La gélida mirada de una mujer despojada de Humanidad se clavó entonces en mis ojos y permanece aún hoy grabada en mi retina. Ese instante fue suficiente para dar un vuelco a mi vida en Madrid y dejar de lado mi especialización en Economía del desarrollo para abordar los estudios de Trabajo Social. Decidí que había llegado el momento de actuar. Que esos ojos vacíos no iban a pasar desapercibidos por mi cámara, ni por mí.
"Fatiga de estar vivo, de estar muerto,
Con frío en vez de sangre,
Con frío que sonríe insinuando
Por las aceras apagadas."
Destierro: Luis Cernuda (Un río, un amor).
Así viven ellas, sin vivir. Con sus pies descalzos, insensibles, recorren las calles como almas en pena, porque sus maridos se llevaron al morir la mitad de sus vidas. Y la otra mitad no pueden vivirla.
"Cuando llegan a Vindravan al menos han encontrado un sitio de donde nadie las quiere echar, su sitio, sin embargo cuando alcanzan este cementerio de viudas, ya están muertas"
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.