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“Una mirada es suficiente para cambiar”.

En un instante se puede perpetuar una identidad, una muerte, incluso el fenómeno natural más bello. Aprendí esta lección cuando me puse tras mi objetivo fotográfico y empecé a viajar, rumbo a lo desconocido. Desde entonces, decenas de injusticias sociales se han convertido en fotografías imperecederas, que ilustran a víctimas de la opresión, del abuso, de la tiranía, y que pasan completamente inadvertidos a ojos de gobernantes y de ciudadanos. No obstante, fue mi viaje a Vindravan, “La ciudad de las viudas”, el que supuso un punto de inflexión en mi vida. La gélida mirada de una mujer despojada de Humanidad se clavó entonces en mis ojos y permanece aún hoy grabada en mi retina. Ese instante fue suficiente para dar un vuelco a mi vida en Madrid y dejar de lado mi especialización en Economía del desarrollo para abordar los estudios de Trabajo Social. Decidí que había llegado el momento de actuar. Que esos ojos vacíos no iban a pasar desapercibidos por mi cámara, ni por mí.

"Fatiga de estar vivo, de estar muerto,
Con frío en vez de sangre,
Con frío que sonríe insinuando
Por las aceras apagadas."

Destierro: Luis Cernuda (Un río, un amor).

Así viven ellas, sin vivir. Con sus pies descalzos, insensibles, recorren las calles como almas en pena, porque sus maridos se llevaron al morir la mitad de sus vidas. Y la otra mitad no pueden vivirla.

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" Una esposa que permanece casta tras la muerte de su esposo va al cielo. "
Textos sagrados del Hinduismo

Chaouen desde las azoteas

Encuentro con las mujeres musulmanas

En el laberinto azul de Chef-Chouen, me entusiasma dejarme llevar por mi cámara, pues me arrastra hasta callejones alejados del bullicio, asi puedo plasmar miradas furtivas, con la distancia que da el ser  cazador de momentos.

Las mañanas son para navegar por sus calles y recrearse en el ir y venir de sus gentes, en este universo azul...

Rostros sin nombre me miran y yo me mantengo anónima, circulando a medio camino de la edad de piedra y el siglo XXI, en una sociedad distante, celosa en su intimidad.

Pero en las tardes de calor al subir a mi azotea para aislarme del ruido día tras día, afiance mi vida social, cuando fui conociendo mi vecindario, que rutinariamente surgían en sus quehaceres cubriendo de vida los tejados y sacando sus paños menores al sol, así yo me colaba en su intimidad, me mostraban no solo su cara mas amigable sino su autentica naturaleza humana, rompiendo así nuestro muro cultural para pasar a ser mujeres en una tarde al sol.

 
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